Baltic States Express es un viaje en el que la carretera se convierte en la propia historia. Empieza en Gliwice y avanza hacia el norte por la zona de Łomża o la región del parque de Wigry, para luego atravesar Lituania rumbo a lugares donde el paisaje y la memoria histórica van de la mano. Muy pronto aparecen Trakai, con su castillo de cuento sobre el lago Galvė, y Vilna, donde la Torre de Gediminas, la calle Pilies y la Puerta de la Aurora convierten la llegada en algo mucho más rico que una simple parada urbana.

Después, el viaje baja el pulso y entra en la naturaleza. El Parque Nacional de Aukštaitija cambia por completo el tono con el molino de agua de Ginučiai, la colina panorámica de Ladakalnis, los lagos, los pícnics y la posibilidad de remar en kayak entre canales tranquilos. Más tarde llega Letonia con Riga, cuya ciudad vieja, la iglesia de San Pedro, el mercado central y las fachadas modernistas hacen que caminar por la ciudad resulte visualmente deslumbrante.

El siguiente tramo cruza el valle del Gauja, Sigulda y Turaida, donde la piedra arenisca roja, las leyendas y las murallas medievales crean una atmósfera casi legendaria. Luego aparecen Cēsis y Līgatne, y después la parte estonia del recorrido: Valka/Valga, la universitaria Tartu, los humedales de Soomaa, la calma costera de Pärnu y el alma medieval de Tallin. Aquí el itinerario encuentra un ritmo precioso, alternando fortalezas, pantanos, paseos marítimos y callejuelas de piedra con gran naturalidad.

La parte final tiene el silencio de las islas y la satisfacción de un regreso que todavía conserva el brillo de la aventura. Saaremaa aporta el ferry, la calzada de Väinatamm, el cráter de Kaali y la serenidad de Kuressaare. Después llegan las pasarelas del parque de Ķemeri, la costa salvaje de Kolka y Slītere, el aire hanseático de Klaipėda, el canal de Augustów, el imponente castillo de Malbork y una última pausa en Toruń antes de volver a Gliwice. Es un viaje construido no sobre la prisa, sino sobre contrastes que le dan profundidad y memoria